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26 de enero de 2012

¿De quién son los valores?

La juventud de hoy tiene valores, es una persona de grandes valores, se dice de alguien que muestra en sus actos públicos que le guían altos ideales. Pero hay que echar un jarro de agua fría sobre esta cuestión y colocarla en su sitio adecuado. Al menos hay lugar para una duda razonable.
No se escucha habitualmente que se alaben los valores de un gremio o grupo concreto o de un sector social y, sin embargo, se da casi por entendido que la juventud es la portaestandarte de valores. Hay una tendencia a relacionar los valores con la juventud. Sin embargo, podría decirse que ni son todos los que están ni están todos los que son. No porque un joven se enrole en un grupo de voluntarios hay que pensar necesariamente que le animan altos valores. Tampoco la persona mayor que no es voluntaria tiene por ello que carecer de valores. ¿Se puede deducir que la juventud actual tiene unos valores altos a partir de la observación del aumento de organizaciones y actividades voluntarias? Se puede y no se puede. Si se habla con un optimista empedernido o alguien bienintencionado entonces sí se podría deducir. Pero si se consulta a un crítico más riguroso, entonces no resulta lo mismo...
¿Es la sociedad de hoy más justa, más libre y más generosa que la anterior a la de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y que la del siglo pasado? ¿Y que la de la Edad Media? Dos respuestas se pueden ofrecer y multitud de ejemplos para una y otra. Se dice que la sociedad moderna es más justa pero también que hoy se cometen graves injusticias. Ambas respuestas son correctas y habría que volver a la cuestión de la contradicción del ser humano. Pero si es más justa, ¿por qué proliferan los movimientos en pro de la justicia? Si e más solidaria, ¿por qué surgen grupos de solidaridad? Es razonable pensar que el progreso de las sociedades en el ámbito de los valores de justicia y solidaridad haría innecesaria ambas corrientes. Por el contrario, si no existiesen estos grupos y movimientos, ¿no cabría pensar que los seres humanos se habrían vuelto insensibles a la injusticia y a la pobreza, las cuales es evidente que existen?
Demasidados interrogantes cuando lo que se busca son certezas. No obstante parece que aquellos son inevitables y, para acabar de complicar la cuestión, también parece que se quedan sin respuesta, al menos sin una contestación satisfactoria y definitiva.  Puede que no exista de momento. Esta falta de certezas no impide en absoluto, sin embargo, que cada ser humano de forma individual se de sus propias respuestas y actúe en consecuencia. Con otras palabras: el mundo y la vida interrogan al ser humano y cada uno responde. No hace falta saber disetar sobre la justicia para ser justos ni responder con ingenio a las preguntas anteriores para adoptar una postura personal ante la situación del mundo que nos rodea. Cada uno escoge sus propios valores (o contravalores) para guiar su vida, cada uno decide vivir de acuerdo con ellos sin esperar a que otros le digan lo que ha de hacer. Puede decirse que tampoco hay que esperar a ver lo que hace el resto de la sociedad. Es de sobra conocido que todos quieren cambiar el mundo entero, pero que nadie empieza por cambiarse a sí mismo...

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